Labios milagrosos

En una boca se pueden encontrar mil cosas, buenas o malas. Puede herirte más una palabra lanzada por la boca del ser que más amas que un golpe. Una boca, unos simples labios pueden traicionar más que tu propio pensamiento, pueden decir más mentiras que un político y un sacerdote juntos; no por eso uno deja de contemplar, hasta incluso admirar esos labios llenos de promesas y profesías. 

Es duro caer en labios fríos, derrumbarte en una lengua peligrosa, filosa; caer ante dientes que no sólo buscan sacarte la ropa sino también hacer pedazos cualquier corazón que cruza en su camino. Mantenerte en pie, como quien espera que un político asuma y lo escuche, como quienes también esperan que llegue dios y los salve. Resistir.


En este pequeño mundo hay miles de bocas heridas, otras miles hirientes, que nacieron para lastimar. Pero hay otras, pocas, distintas. Existen tan pocas bocas sanadoras, que sus lenguas pasan por las heridas buscando sanarlas, haciendo desaparecer las cicatrices. Algunas lenguas no te prometen bajarte la luna, te hacen ver las estrellas y sin escala, sin promesas. Esas bocas muestran los dientes sólo para sonreírte.


Algunos labios sólo quieren sanar, curar todo lo que las lenguas filosas destrozaron. Las bocas como la tuya no sólo curan, también te sonríen, buscan hacerte sonreír sin esperar un beneficio a su favor, simplemente porque saben que hace rato no mostras los dientes. Por labios así, la fe sigue moviendo montañas y los políticos siguen creando partidos.


Ojalá el mundo se llene de más bocas como la tuya, que besan y sonríen, que sanan y te hacen ver las estrellas. Miles de besos repartidos en políticos mentirosos y en fieles oprimidos habremos dado para merecer labios como los tuyos, para conocer el cielo, para que nos hagan sentir que nosotras mismas podemos bajarnos la luna.


Porque realmente podemos, podemos todo, podemos hasta esperar toda una vida por unos labios así. Al conocer las estrellas mi deseo fue que todos puedan encontrar unos labios así, que los sanen. Yo me bajo la luna, pero agradezco que me hayas regalado las estrellas.
   




No hay comentarios:

Publicar un comentario