Infierno

Puse más ilusiones en ese tarro vacío que tenías siempre en la mano de las que debía. Coloqué tantos deseos en una caja con el fondo agujereado, iba depositando poco a poco cada sueño, acomodando todo tan prolijamente…como si se fuera a quedar todo ahí para siempre, como si me estuvieras cuidando.

Miraba el futuro con tu imagen en mis sueños, esperaba que llegue el resto de mi vida para encontrarme parada al lado tuyo caminando firmes como al principio. No me imaginaba otra verdad que no fuera la tuya, nunca nadie creyó en vos como yo lo hice. 

Pocas personas conocen todas tus miserias, yo sin embargo recorrí cada recoveco y lo amé casi tanto como al arcoíris que sale después de la tormenta.

No tendría que haber dejado todo en tus manos, nunca debí creer tanto en tus verdades. Mis pechos respiraban libertad y amor, tus ojos reflejaban intenciones que iban a quebrarme en dos. En dos, en tres y más de una vez. Con cada acción te ganabas una entrada eterna al infierno, yo te seguía igual…

Me saco el sombrero ante tu ausencia, hoy que mis ojos ven más allá. Mis piernas acarician soledad, vos seguís vagando de cama en cama.

Tuve que bajar con vos, la necesidad de recorrer el infierno de punta a punta para entender que el cielo no se lo gana cualquiera. Mi cielo no es para cualquiera, no era para vos.

A vos te quedará mi nombre grabado en alguna lista interminable, a mí me queda esa entrada al infierno, esas entradas que uno guarda en la billetera o en alguna caja vieja de recuerdos, para recordar buenos momentos y para entender, también, a donde jamás hay que volver.

Aunque haya sido el mejor calor, eran las brasas ardiendo y no lo supe distinguir. Aunque nunca me hayas soltado la mano, después entendí que me llevabas en picada a lo más profundo de tu alma, a la oscuridad absoluta. Aunque nunca me hayas dejado de mirar, tus ojos reflejaban vacío, el tuyo y el vacío que me ibas a dejar luego a mí.


Vomitando milagros iba yo, queriendo rescatarte a vos que ya estabas metro y medio por debajo de la tierra, hundido en ese infierno que te sentaba bien, cómodo.

Mis manos se aferran a los vasos de los bares. La resaca de esto me hace escupir verdades a diario, es que el infierno es encantador, pero no son viajes que se repiten, por lo menos no de a dos.




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