Fragilidad

Tan débil me sentí, me siento. Tan sensible y propensa a quebrarme, así se siente. Nadie quiso que fuera así, es evidente que el no quiso debilitarme, pero así me siento.

El no supo ver todas las barreras propias que derrumbé para llegar a sus brazos, no quiso ver tal vez. No comprendió lo difícil que es para mi dejarme mimar, y me llenó de mimos. Y se fue, así me siento. 

Yo no suelo caer bajo la sonrisa de nadie, pero no vi maldad en su mirada. No hay maldad en su mirada, no hay maldad en el. Sólo no supo leer lo que escondían mis ojos. No supo entender que detrás de mis risas había algo tan frágil.

No me gusta esta sensibilidad, esto de ser un fino cristal a punto de quebrarse en cualquier momento. No me siento cómoda en este lugar a punto de caer, al borde, al límite, en la cornisa, así me siento.

Yo elegí bajar las barreras, dejarme querer. Decidí dejar mis armas en un rincón y poner las cartas sobre la mesa. Sacarme un poquito ese porte de "acá solo  mando yo" y dejar que me dominen un poco.

Las cartas sobre la mesa a veces te perjudican, cantan truco antes que puedas decir en vido. Te ganan el partido y te ganan el corazón. Y así me siento, perdida. Frágil.

No quiso, tal vez, que esto fuera tan fugaz. No quise que lo nuestro fuera tan breve. Tal vez a él también le costó derrumbar sus muros, no lo sé. No voy a saberlo si nunca me dejó entrar.

Por primera vez en mucho tiempo elegí dejarme querer, bajar los muros y abrir los brazos. Pero el ganó este juego, porque "lo único que no se puede elegir es el amor". Y así me siento, frágil.



No hay comentarios:

Publicar un comentario