ARRIESGAR

Entre algunas copas me perdí. Ya no recuerdo si eran de cerveza, vino o fernet, no recuerdo si me llevaron a ese lugar o yo misma me fui derecho al infierno. Se había esfumado mi esencia. Era un tren que estaba descarrilando y no podía frenar, nunca pude frenar a tiempo, no iba a hacerlo ahora. El conductor del tren estaba alcoholizado y con pocos reflejos, las vías ya estaban oxidadas de pasar tanto tiempo bajo la lluvia -mis lágrimas- y el sol -mi sonrisa-.

Nunca fui buena esquivando proyectiles y menos si eran vasos de alcohol. Venía ya hace tiempo con el alma a cuestas y las miradas de las personas empezaban a punzar, la toalla la había tirado unos tres bares atrás y mis pulmones estaban cansados de quejarse del dolor -no físico precisamente-.

Sólo quería que alguien me saque de ese lugar, ya no sabría a quién culpar si a todos los que me llevaron a eso o simplemente asumir todas las responsabilidades por encontrarme ahí en esa oquedad sin luz y sin salidas; no supe nunca asumir responsabilidades y es más fácil señalar a otros como los culpables, pero realmente creo que esta vez  yo no me había metido en esa hoguera.

No era tan fuerte como me veía por fuera – o como siempre pretendí que me vieran-. Soy todo esto que no ven: una mujer llorando en rincones y reducida a cero tantas veces que ya no logra verse de otra forma. ¿Por qué distorsionar(me)? Si es claro que me caigo cada vez que intento remontar, cada vez que asoman mis alas para desplegarse aparece un ser travieso con tijeras y poco pulso haciendo lo que todos los que dijeron quererme una vez hicieron: romperme, quebrarme, descarrilarme.

Dicen que cada golpe te hace más fuerte y me gustaría poder ser el ejemplo de eso y aunque a veces siento que puedo con todo y me llevo el mundo por delante, tengo miedo. Miedo de un día no poder extender mis alas, miedo de que mi tren choque y no haya vuelta atrás. Algún día no va a haber freno que soporte mis impulsos ni paracaídas que aguante mis derrumbes.

Pero a sabiendas de que algún día yo misma me voy a cansar de mí y me voy a decir basta, prefiero seguir metida en los bares antes que en las piernas de otro inútil con tijeras. Prefiero seguir, hoy, mirando la vida a través del cristal lleno de ¨birra¨ para que ningún otro conductor decida el destino de mi ferrocarril. Que, si me equivoco, sea por mí.

Si me rompo, me quiebro o descarrilo sea por arriesgar(me).

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