Enzo

No se como todavía no me derrumbé. No se que elixir mágico me hace mantenerme en pie. Tal vez sean mis ganas incontrolables de vivir y ver el sol. Quizás es que me veo joven en el espejo y no quiero pasar los años de mi vida tirada en un rincón.

Cada día que pasa se hace más profundo el dolor. Tu recuerdo pesa cada día más. No quiero que pese, quiero que fluya como lo hace hoy tu alma. Cada despertar tiene un nuevo color, y es cada vez mas gris. No es lo mismo siquiera respirar desde que no estás.

La vida es sabia, las cosas pasan en ciertos lugares y en estos tiempos porque además de sabia es caprichosa. No puedo, a pesar de los caprichos de la vida, dejarte ir. Ya sos parte de mi porque así también lo quiso la vida un tiempo atrás.

Nunca va a ser lo mismo, yo cambié de un minuto al otro. “No encontramos al bebé, mamá” fueron las palabras. Fue la última frase que escuché como mi vieja yo. Ya no soy la misma. No podría si me fui con vos.

Tal vez morí en el instante en que tu corazón dejó de latir. Me fui cuando vos te fuiste, estoy segura. ¿A dónde? No lo se. Pero en el mas allá estamos juntos y felices. En el mas acá quedó mi cuerpo viviendo algo parecido a una vida.

Miré esa pantalla tantas veces como fue necesario. Ese instinto materno me dijo un día antes que te habías ido, pero como madre tampoco se pierden las esperanzas y con una mano en el pecho juro que esperaba verte ahí. Miré al doctor esperando que me diga algo más, que mágicamente encuentre una salida rápida al laberinto en el que me estaba a punto de meter (sigo acá, no encontré la salida).

Todas las noches apoyo mi cabeza y mi mente viaja al más allá, donde estás vos y donde está mi viejo yo. Vagando voy en mis sueños esperando verte en alguno, por ahí hoy tengo suerte y al dormir apareces y me decis que estás bien, que no te duele nada, que no sufrís, que no tenés frío, que descansas en paz.

Mientras pasan los días, las semanas, los meses me voy dando cuenta que en ese momento que mi instinto me dijo que algo no andaba bien sabía todo lo que vendría después sólo que no quise asumirlo.

Supe que el doctor no estaba haciendo un chiste y que no estabas porque vos, tan inocente y luminoso, te habías ido de este ordinario mundo. Entendí que mi corazón dejó de latir a la par que tu corazón. Comprendí que empezaba mi pesadilla: buscarte en mis sueños. Y si, no soy la misma porque morí el día que me confirmaron que no ibas a nacer y todavía no pude renacer de mis cenizas, no pude volver a ser mi “vieja yo”. Soy el resto de lo que era, soy las sobras de lo que tu partida dejó. Soy lo que queda de mi.

Algún día voy a entender los caprichos de la vida, ese día me voy a reencontrar con mi viejo yo y hacer las pases. Algún día te voy a encontrar en mis sueños y te voy a dejar volar en paz. Sé que algún día voy a aceptar que te fuiste y que yo me tuve que quedar y tengo que vivir. Algún día voy a descansar en paz, sin buscarte en mis sueños porque voy a entender que no necesito soñarte para tenerte. Estás conmigo en todos lados (y así va a ser, siempre).

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