Sabiduría

Ahora que debería odiarte estoy queriendo. Ahora que tengo que rehacer mi vida deseo volver el tiempo atrás. Tal vez sea una experta en arruinar todo lo bueno que pasa en mi vida pero no puedo auto-juzgarme, me tendría que castigar, encerrarme de por vida en una jaula para evitar tocar algo y destruirlo.

Mi presente no es el mejor de todos los “presentes” que tuve pero he tenido peores: ¿Es consuelo? Claro que no, pero del mismo dolor vendrá un nuevo amanecer profesa una de mis canciones favoritas.

Nadie me puede juzgar (espero), soy una simple mujer que derramó tantas lágrimas como eran posibles y secó todas las que sus pequeñas manos pudieron secar. ¿Quién puede señalarme? Si uno hace lo que puede y a veces, aunque muy poco probable, hace lo que quiere.

No soy una persona impulsiva aunque siempre me dejo llevar por mis latidos ¿Es un pecado? ¿Merezco ser juzgada? Bueno, no lo sé, sin embargo yo no me sentía con esa capacidad divina de señalar con el dedo a quien haya amado y actuado bajo efectos del amor, por ende, nadie podría darme sentencia alguna por mi cobardía, por no remar lo suficiente en un barco que tenía baches por todos lados y si me mandaran a un juicio, yo misma sería quien me declare culpable.

Amé de una forma tan particular, a la distancia estoy queriendo, desde lejos lo amé pero debe ser una de las formas más sanas de amar manteniendo la distancia prudencial para que ninguno se pueda herir (salvo yo, que terminé destrozada).  

Debe ser así la vida de los cobardes, nos damos cuenta de las cosas tarde o tal vez a tiempo pero no hacemos nada para obligar al destino a jugar para nuestro equipo aunque sea cinco minutos.

Nunca voy a saber que pudo ser de mi vida si hubiera hecho algo por que fueras parte de ella. Jamás me jugué todas las fichas por, no apuesto a caballos rengos mi amor, llamenlo cobardía, juzguenme y hasta denme una sentencia para cumplir pero actuar con cobardía en asuntos del corazón es (para mi), sabiduría.

Te quiero y quisiera volver el tiempo atrás, tomaría la misma decisión de no insistir y dejar que te fueras. Haría todo igual, sólo que esta vez lo haría sin soltar ni media lágrima porque un auto con dos ruedas no te lleva muy lejos y vos, mi amor, nunca tuviste grandes dotes de mecánico.

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