Ni se apagan con solo soplar

"Ciertos fuegos no se encienden frotando dos palitos"


Me encontré ahí en mi dormitorio viendo las paredes y acariciando mis piernas, acostada imaginando infinidad de historias y escenas que tal vez nunca pasarían. Mi mente frenó y viniste vos, entraste y revolviste todo como haces siempre y no pude evitarlo. Te extrañé

Te atreviste a interrumpir mis pensamientos y te extrañé. No como siempre. No como antes.

Extrañe que pases cerca de mí y toques mi cintura, que elogies mi boca cuando estaba maquillada de rojo. Extrañaba dormir en total desnudez envuelta en tus brazos. Necesitaba que me agarres de sorpresa y hagas lo que quisieras conmigo, como solías hacerlo. Necesitaba, ahí sola en esa habitación, que te hagas presente y me saques todo |hasta las dudas|.

Pude contener mis ganas de escribirte, de rogarte que vengas solo para darme un poco de placer, lo extrañaba, pero mi orgullo fue más fuerte (esta vez).

Esos momentos donde podíamos gemir y sonreír a la vez. Mirarnos con complicidad y seguir. Tocábamos el cielo con las manos y yo sentía que me disfrutabas hasta los huesos. Sentíamos todo el uno del otro, gustos y aromas.

Recorrimos el cuerpo del otro de punta a punta, cada detalle de tu piel lo sé de memoria y sé que conoces la ubicación exacta de todos mis lunares. Me erizabas la piel con solo rozar tus labios en mi espalda y lo sabías. A vos te gustaba verme mientras me cambiaba y me pedías que me quede así |desnuda| .

Extrañé las perversiones que se cruzaban por la mente de los dos a la hora de compartir una cama, o una ducha, o una sala. Nos devorábamos y era eso lo que extrañaba.


Ya no te extrañaba a vos, ni a mí. No extrañaba lo que solíamos ser, no extrañaba ese “nosotros”. Extrañé tu presencia en mi cama, extrañé tu ser dentro de mí.